¿Cómo
había llegado a aquella situación? Nunca sabría dar con la
respuesta ciertamente, su mirada se clavó con desgana en el
almanaque que había sobre su baño, todos los números estaban
emborronados por el paso del tiempo dado que tenía un aspecto
bastante antiguo, 2004 se podía apreciar en unas letras azul
desgastado y en ocasiones con pequeños huecos blancos dentro de los
mismos. Curiosamente el número 21 era el único que había libre,
junto al 23.
Su
mirada se volvió de nuevo hasta donde se encontraba desde el
principio, su muñeca izquierda le temblaba compulsivamente contra su
voluntad, tal vez conocedora del aciago destino que le esperaba.
En
su mano derecha había un cuchillo, bastante afilado que amenazaba
con cernirse contra su delicada piel en cualquier momento pero que al
igual que su mano izquierda no dejaba de temblar. Sentía dolor, sí,
en la parte interior de su labio inferior le estaba comenzando a
emanar sangre porque sus dientes se habían cernido en dicho lugar
con una fuerza desmesurada. Su visión no era tan nítida como de
costumbre, tal vez las lágrimas que le resbalaban por las mejillas
fueran la causa de esto.
Como
había pensado anteriormente, ¿cuál era la causa por la que había
llegado a aquella situación? Su aliento denotaba un intenso olor a
alcohol, tal vez había ingerido más del que normalmente solía
tomar y estaba realizando una estupidez a causa de sus malos
recuerdos. ¿Sería eso?
No, definitivamente no, el alcohol había inhibido aquella vocecilla que le hacía seguir haciadelante. Luchar por unos objetivos plausibles y que estaba alcanzando con anterioridad, pero esos objetivos eran tan básicos... Tan poco productivos que no le era suficiente. El verdadero problema radicaba en que había dejado de sentirse cómodo con la vida que llevaba, ¿realmente esa era su vida? Es más... ¿Realmente él era el mismo? No, su aire jovial había desaparecido con el paso del tiempo, tener que ir superando un obstáculo tras otro simplemente había conseguido que pequeñas partes de él mismo se desprendieran de su cuerpo y que nunca volviera a ser él. Sus verdosos ojos giraron la cabeza para darse de bruces con la realidad, ante él se encontraba el reflejo de un hombre de 27 años demacrado, hecho un saco de huesos. Su mirada no lanzaba los destellos de felicidad, parecía haberse desprendido del entusiasmo y ganas de vivir que lo habían caracterizado cuando era un chico de 15 años.
¿Por
qué estaba a punto de realizar aquello? Probablemente porque había
luchado hasta caer exhausto en busca de encontrar al chico que había
sido tiempo atrás, y no se había percatado en luchar por un futuro
que cada día que pasara se veía más negro. Realmente lo que iba a
hacer en ese momento tenía más sentido que nunca, no segaba su vida
por así decirlo, segaba la vida del individuo que le había robado
la suya propia. Esa idea le hizo mostrar una macabra sonrisa antes de
que sin vacilar, cortara de una tajada su muñeca de arriba a abajo.
Dejándose caer contra la pared y cerrando los ojos sin esperar
abrirlos nunca más. Realmente le abrumaba la idea de morir, pero
mucho más lo hacía la idea de seguir viviendo.