miércoles, 4 de julio de 2012

Leer.

¿Qué soléis hacer por las noches de verano, jóvenes de entre doce y veinte años? La gran mayoría, por desgracia, imagino que salir por ahí con un grupo de personas e ir de copas, (unas 10 por noche, ¿no?) de botellón hasta quedaros en la cuneta vomitando y aprovechar para fumar, porque es lo que mola, el último grito para joder tu salud. Aunque personalmente no me importa, que cada persona haga con su vida lo que quiera.

Pues yo, en mi afán de no hacer lo mismo que la mayoría, de no etiquetarme en un grupo definido y hacer lo que siempre deseo. Bueno, comenzaré a enumerarlo aunque supongo que a nadie le importará; todas las noches me conecto a Twitter (todas las que dispongo de un ordenador en condiciones, no del portátil de mi hermano en mi casa de campo, así que eso elimina gran parte de los días); descubrí Twitter gracias a Ewi, y nunca le estaré lo suficientemente agradecido, todas las experiencias que he pasado en esa red social no se pueden equiparar. Al mismo tiempo permanezco conectado en Tuenti, para hablar con las personas que me importan, que irónicamente el 95% (porcentaje inventado by the face por no decir casi todos) están a más de doscientos kilómetros de distancia de mi casa. Y cuando termino todo esto, o cuando tengo ausencia de ambos aparece ante mí uno de los mayores placeres de mi vida: leer, junto al salir fuera y quedarme recostado en el césped mirando las estrellas. Coger un libro y estar pegado a él durante horas, hasta que mi madre me manda a las cinco de la madrugada y me lo quita, abrir sus páginas y saber que dentro de ellas hay un mundo fascinante. Que tú eres el confidente del protagonista, que sabes todos y cada uno de sus secretos, y que durante ese momento no estás solo, tienes un amigo.

Puede que esté generalizándolo mucho, que esto solo me pase a mi, pero es que he encontrado en los libros un refugio desde que tenía cuatro años, es el segundo arte por excelencia, después claramente de la música. El cine, aporta más cosas, acompaña las escenas con bandas sonoras y tal. Pero para mí mi cerebro es capaz de reproducir los detalles con más exactitud (es el único halago que veréis que me hago) porque en las películas los personajes pueden encontrar un actor que no está a la altura, o un doblaje malo, o un corte en cualquier escena que considerabas importante y que, por decisión del director, no merece la pena que salga. La primera impresión es lo que cuenta y el momento en el que Theoden se coloca delante de las tropas y lanza el discurso, en el que Escipión el Africano lanzó a su ejército contra unos enemigos que les triplicaban en número, en el que Leónidas aguantó las embestidas de las hordas persas de Xerxes, en el que Katniss saca las bayas para sobrevivir a Los Juegos del Hambre y a la vez desafiar al Capitolio, entre otros muchos no pueden plasmarse en imágenes.

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