Suele ocurrir, ¿verdad? Que la primera vez que te conectas a una red social en la que empiezas a conocer a gente más allá de tus supuestos 'amigos' , si, gente con la que empiezas a establecer una relación más allá de lo físico. Que de verdad consideras dignos de tu confianza, ¿que es lo que muchos de nosotros nos decimos entonces? Si, exacto. ¿Salir? ¿Enamorarme? ¿De alguien que se encuentra a través de la pantalla? Que va, a mi no me va a pasar eso, yo necesito ver a una persona y tener una conversación frente a frente con ella para comenzar una relación que considere más allá de la amistad. Empieza a dominarnos lo que se conoce como 'efecto soldado', si, cuando un pelotón es mandado a atacar un frente todos tienen claro que va a haber bajas, pero nunca se ponen a ellos mismos por delante, porque se consideran mejores que el resto: <¿A mi? Eso solo les ocurre a los demás> es ese mecanismo que nos intenta proteger de la realidad, de lo inevitable.
Un día conoces a una persona, de distinto o mismo sexo, es una persona al fin y al cabo... Y empiezas a interactuar con ella, darte cuenta de que te cae muy bien, esas conversaciones se suceden un día tras otro, se hace una cosa casi rutinaria en tu vida. Por qué no, imprescindible, sientes cosas que nunca habías sentido por otra persona, un cosquilleo en el estómago, miles de mariposas recorriéndolo de punta a punta, no quieres que las conversaciones terminen ya que quieres que duren lo máximo posible. Tienes que ir a dormir, pero la otra persona está enferma y no tiene por qué madrugar así que te quedas con ella todo el tiempo que sea necesario, hasta que se desconecte. Cuando dejáis de hablar le recuerdas antes de dormir, no puedes dejar de encontrarte su nombre o cosas relacionadas con su lugar de procedencia, por ejemplo. Empiezas a comprender que tu pelotón ha seguido adelante, tú has caído, lo has asumido, no eras tan perfecto como creías, las redes se ciernen sobre ti. Estás enamorado.
La conoces desde hace un año, sois grandes amigos, pero tú no quieres ser solo su amigo, quieres comprobar si ella siente lo mismo por ti, si eres correspondido o rechazado. El miedo se apodera de ti, no solo eres un soldado inútil al que han capturado sino también eres cobarde, tu autoestima que creías impoluta empieza a desmoronarse poco a poco, no hay nadie que pueda salvarte, solo te tienes a ti mismo. Un día intuyes que no solo no comparte ese amor contigo, sino que ama a otra persona, tu mundo empieza a desmoronarse, no puedes admitirlo con tranquilidad. Te supera. El querer es poder ya empieza a perder sentido, porque tú quieres ser su acompañante y no puedes, ya no es solo la distancia, simples números que se pueden saltear si tienes la suficiente autodeterminación. Ya aparece la tercera persona, tu cabeza empieza a dar vueltas como una peonza y te sitúa en una simuladora maligna. Tú eres un conejo y un coche, la realidad, te persigue a gran velocidad en una carretera de la que no puedes desaparecer por los lados, eternamente recta, eternamente infinita.
La carrera por escapar del coche es encarnizada, notas la luz detrás, cada vez más cerca, si te das la vuelta para observar un momento quedarás completamente cegado por las luces y al quedar inmóvil morirás, volviendo a la realidad de la forma más rápida y cruel posible, muriendo por dentro. Pero en la carrera empiezas a cansarte, y el coche parece tener un combustible irrefrenable, al parecer nunca pararía. Dudas hasta de tu identidad, dudas de lo que puede pasar, entonces te paras en seco, apenas os separan cincuenta metros, miras a los focos y quedas deslumbrado, alzas las orejas instintivamente, sabiendo lo que va a pasar. El choque es brutal, sales despedido a la cuneta de la carretera, esa a la que antes no te podía acercar, sangrando, con la mirada perdida, pero deseando seguir con vida, aferrándote a aquella lejana oportunidad, un camino nuevo se abre ante ti, hasta el final llegaré lo voy a perseguir, mi sueño se hará real y al final de él estarás tú, suena descabellado, pero si no puedo besarte, me contento con poder abrazarte. A que empezó como una amistad siguió como amor y renació en eso, en una amistad. El soldado necesitó meterse en la piel de un conejo para darse cuenta de que no era inmune, de que el amor afecta a todos...
domingo, 15 de julio de 2012
miércoles, 4 de julio de 2012
Leer.
¿Qué soléis hacer por las noches de verano, jóvenes de entre doce y veinte años? La gran mayoría, por desgracia, imagino que salir por ahí con un grupo de personas e ir de copas, (unas 10 por noche, ¿no?) de botellón hasta quedaros en la cuneta vomitando y aprovechar para fumar, porque es lo que mola, el último grito para joder tu salud. Aunque personalmente no me importa, que cada persona haga con su vida lo que quiera.
Pues yo, en mi afán de no hacer lo mismo que la mayoría, de no etiquetarme en un grupo definido y hacer lo que siempre deseo. Bueno, comenzaré a enumerarlo aunque supongo que a nadie le importará; todas las noches me conecto a Twitter (todas las que dispongo de un ordenador en condiciones, no del portátil de mi hermano en mi casa de campo, así que eso elimina gran parte de los días); descubrí Twitter gracias a Ewi, y nunca le estaré lo suficientemente agradecido, todas las experiencias que he pasado en esa red social no se pueden equiparar. Al mismo tiempo permanezco conectado en Tuenti, para hablar con las personas que me importan, que irónicamente el 95% (porcentaje inventado by the face por no decir casi todos) están a más de doscientos kilómetros de distancia de mi casa. Y cuando termino todo esto, o cuando tengo ausencia de ambos aparece ante mí uno de los mayores placeres de mi vida: leer, junto al salir fuera y quedarme recostado en el césped mirando las estrellas. Coger un libro y estar pegado a él durante horas, hasta que mi madre me manda a las cinco de la madrugada y me lo quita, abrir sus páginas y saber que dentro de ellas hay un mundo fascinante. Que tú eres el confidente del protagonista, que sabes todos y cada uno de sus secretos, y que durante ese momento no estás solo, tienes un amigo.
Puede que esté generalizándolo mucho, que esto solo me pase a mi, pero es que he encontrado en los libros un refugio desde que tenía cuatro años, es el segundo arte por excelencia, después claramente de la música. El cine, aporta más cosas, acompaña las escenas con bandas sonoras y tal. Pero para mí mi cerebro es capaz de reproducir los detalles con más exactitud (es el único halago que veréis que me hago) porque en las películas los personajes pueden encontrar un actor que no está a la altura, o un doblaje malo, o un corte en cualquier escena que considerabas importante y que, por decisión del director, no merece la pena que salga. La primera impresión es lo que cuenta y el momento en el que Theoden se coloca delante de las tropas y lanza el discurso, en el que Escipión el Africano lanzó a su ejército contra unos enemigos que les triplicaban en número, en el que Leónidas aguantó las embestidas de las hordas persas de Xerxes, en el que Katniss saca las bayas para sobrevivir a Los Juegos del Hambre y a la vez desafiar al Capitolio, entre otros muchos no pueden plasmarse en imágenes.
Pues yo, en mi afán de no hacer lo mismo que la mayoría, de no etiquetarme en un grupo definido y hacer lo que siempre deseo. Bueno, comenzaré a enumerarlo aunque supongo que a nadie le importará; todas las noches me conecto a Twitter (todas las que dispongo de un ordenador en condiciones, no del portátil de mi hermano en mi casa de campo, así que eso elimina gran parte de los días); descubrí Twitter gracias a Ewi, y nunca le estaré lo suficientemente agradecido, todas las experiencias que he pasado en esa red social no se pueden equiparar. Al mismo tiempo permanezco conectado en Tuenti, para hablar con las personas que me importan, que irónicamente el 95% (porcentaje inventado by the face por no decir casi todos) están a más de doscientos kilómetros de distancia de mi casa. Y cuando termino todo esto, o cuando tengo ausencia de ambos aparece ante mí uno de los mayores placeres de mi vida: leer, junto al salir fuera y quedarme recostado en el césped mirando las estrellas. Coger un libro y estar pegado a él durante horas, hasta que mi madre me manda a las cinco de la madrugada y me lo quita, abrir sus páginas y saber que dentro de ellas hay un mundo fascinante. Que tú eres el confidente del protagonista, que sabes todos y cada uno de sus secretos, y que durante ese momento no estás solo, tienes un amigo.
Puede que esté generalizándolo mucho, que esto solo me pase a mi, pero es que he encontrado en los libros un refugio desde que tenía cuatro años, es el segundo arte por excelencia, después claramente de la música. El cine, aporta más cosas, acompaña las escenas con bandas sonoras y tal. Pero para mí mi cerebro es capaz de reproducir los detalles con más exactitud (es el único halago que veréis que me hago) porque en las películas los personajes pueden encontrar un actor que no está a la altura, o un doblaje malo, o un corte en cualquier escena que considerabas importante y que, por decisión del director, no merece la pena que salga. La primera impresión es lo que cuenta y el momento en el que Theoden se coloca delante de las tropas y lanza el discurso, en el que Escipión el Africano lanzó a su ejército contra unos enemigos que les triplicaban en número, en el que Leónidas aguantó las embestidas de las hordas persas de Xerxes, en el que Katniss saca las bayas para sobrevivir a Los Juegos del Hambre y a la vez desafiar al Capitolio, entre otros muchos no pueden plasmarse en imágenes.
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